MAR
Lado B

Casa en movimiento

Todo se mueve, incluso aquellas cosas completamente estáticas, como lo es una casa.

Solía pensar en la arquitectura como algo fijo e inmóvil, y por el contrario —casi por oposición— en el paisaje como algo mutable y cambiante. De ahí deviene mi fascinación por la naturaleza y sus lógicas.

Pero incluso aquello aparentemente inerte y rígido es mutable. Incluso mi casa, con su sólida estructura, su cimentación de hormigón bien calculada y su sistema de pórticos metálicos, previsto para soportar tormentas y la caída de ramas, está afectada por la fuerza del cambio.

Si bien siempre que proyecto doy lugar a la multiplicidad de escenarios, mi casa fue pensada, deseada y construida por mi yo de 2018. Un refugio personal que, con mucha cautela, se abría a recibir a otros.

Hoy, en plena transformación personal —pues hay un bebé en camino 🐣—, me encuentro imaginando nuevas escenas. Y trazo un plan mientras dejo que la realidad lo ordene a su propia manera.

Imagino y hago una lista de pequeños cambios interiores, mientras agradezco todo lo que tengo y lo simple que eso me resulta. Cedo mi lugar de trabajo para dar espacio a las nuevas cosas que, con amor, llegan. Tan simbólico e incómodo que me río.

Se mueven cosas adentro. Se van cosas, y se suman otras. Cambia la casa, y cambio yo.

Me doy permiso para fantasear y desear, para imaginar nuevos escenarios y otras versiones de casas. Porque me recuerdo que así fue como llegué hasta acá: al bosque, al mar y a la calma.

El resultado es una serie de “dibujitos” de posibles ampliaciones, que nunca son sólo eso... Son deseo materializado en papel, estimativos de costos, etapas, visualización de recursos. Registros breves del cambio físico, mental y emocional que afecta a mi mente, mi cuerpo, mi casa, mis vínculos, mi entorno, el jardín y el barrio.

Es así como Pietro viene en camino a mostrarme la permanencia del amor y a transformar sutilmente mis deseos.

Y mi cuerpo —y la casa— lo abrazan para recibirlo con amor.
Arquitectura